Escribo desde Italia. Estoy sentada en mi escritorio, frente a la ventana que da al parque. Mi ventana da a un parquecito, con césped y una enredadera todo alrededor del muro. A veces bajo y comemos en el césped. Ahora no, porque ya empezó a bajar la temperatura y está muy frío aun al mediodía.
Y tengo una bicicleta.
Hubiera jurado que a los treinta y tres años andaría en un descapotable verde oliva pero no. Tengo una bicicleta color morado con un canasto adelante con la que atemorizo a los transeúntes.
Dos por tres la choco contra algo. Hoy la estampé contra la barrera del puente frente al parquecito de casa. Para evitar que la gente pase en moto, hay un zig-zag de barreras en los extremos del puente. La mayoría de la gente en bicicleta pasa, aunque a mi me parece bastante estrecho. Hoy intenté pasar yo también, pero enganché el pedal en la primera barrera y casi arranco la segunda. No me hice nada, por suerte. La bici quedó con un tintineo en la rueda de adelante.
También atropellé a dos personas. Una chica, cuando iba saliendo del comedor universitario y no vi que venía por la derecha, y un hombre en la esquina de Vía del Santo y Riviera Tito Livio. A ninguno de los dos le pasó nada más que un susto. El señor de la Riviera Tito Livio tenía unos ojos azules muy bonitos.
Me encantó, muy gracioso! Tengo una explicación del por qué una bicicleta a los 33 es mejor que un descapotable verde oliva...cuando la vida nos encuentre tomando unos mates, te lo diré. Beso grande
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