miércoles, 13 de octubre de 2010

Marruecos Experience

Llegué a Marruecos por Casablanca. Antes, me había tomado un tren a Milán, y después de esperar un día mirando vidrieras de Valentino, me tomé un vuelo desde Malpensa hasta el aeropuerto Mohammed V de Casablanca. Fue el primer Mohammed de una infinita listas de Avenidas, callejones, comercios, vendedores, cafés y plazas Mohammed que encontraría.
EL vuelo a Marruecos hacía presagiar lo que Marruecos sería: un vuelo low cost de Ryan Air que salió con retraso, y nos hizo perder el último tren que nos podía llevar desde el aeropuerto a la ciudad. El funcionarios de aduanas que me selló el pasaporte estaba de mal humor, y solo hablaba árabe o francés. Balbucée las palabras que recordaba en francés, intentando explicarle el motivo del viaje: Turismo. Tourist. Tourisme. Bastaron una mirada, un gesto despectivo al devolverme el pasaporte sellado, para entender que no era exactamente bienvenida.

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