jueves, 26 de mayo de 2011

Sospecha


No quiero ser alarmista, pero creo que vivo en una casa de campo. Lo digo  porque acabo de abrir los ojos y parezco estar acostada una especie de cunita de hierro forjado que forma flores en los costados. Estoy más  hundida que acostada aquí dentro, envuelta en una cosa peluda que debe ser mi manta. No creo que sea muy saludable para la columna el agujerito en el que me encuentro, pero es cómodo y estoy bien calentita.

Desde aquí miro el techo. Dos travesaños de madera sostienen la estructura. Si lo que cuelga sobre mi cabeza es una araña estoy muerta. Falsa alarma. La araña está de mi parte, acaba de capturar un platillo volador que se dirigía hacia mí. Alguien está llamando. No. Es la ventana que suena. Hay algo atrapado entre el cristal y la cortina de tul color Bordeaux. Es una abeja. Insiste en darse contra el cristal. Ahora le mando a la araña. Se acaba de escapar un San Antonio de entre los pliegues de la cortina. Parece mucho más listo que la abeja. Dio unas vueltas por la habitación y salió volando por la ventana. ¿Será que todos estos durmieron conmigo? Me enrosco en la manta peluda y dejo solo los ojos afuera. Aquí  me quedo hasta que se vayan todos a sus casas. 

lunes, 7 de febrero de 2011

Aquí está su revolución señorita

Supongamos que uno se ha estado preparando para ser periodista de guerra, más o menos, unos veinte años. Desde que en cuarto de liceo, la inspectora le preguntó:
- Que quiere ser cuando sea grande?
- Periodista de guerra. -
Pero la inspectora dijo que no, que no podia ser. No me acuerdo porque. Peor el flaco Aníbal, que quería ser astronauta, y le dijo que donde iba a estudiar para astronauta. Las opciones posibles no era muchas para la inspectora de cuarto año. El flaco Anibal es profesor del liceo. Yo, todavia nada.

Veinte años.
Entonces
uno se encuentra
frente a la guerra
en el desierto
con el dinero
para ir a verla
y volver a contarla.
O no volver, que es lo mismo.

No creo, estoy casi segura, que tal conjunción de eventos, se de alguna otra vez, ni en esta, ni en la próxima vida.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Living in bicicleta.

Noto progresos. Pongo y saco la cadena en segundos, cuando al principio podía estar tres minutos dandole vueltas al candado. Puedo girar en "U" sin tener que bajar de la bici, puedo frenar y quedarme apoyando un solo pie para mantener el equilibriol cuando espero que cambie una luz roja, o bajar una  vereda cuando el cordón es bajo. Puedo hacer maniobras de riesgo medio-alto como adelantar vehículos por la derecha en los embotellamientos o  circular por la vereda cuando el tránsito es muy pesado. Hay puntos clave, o algunas horas, como la esquina de Via Cavalleto en el Prato, donde siempre hay que tener más cuidado. Ayer intenté mi maniobra de mantenerme circulando por la derecha aunque se alargaba la fila de autos, y le choqué el espejo a un Seat Panda. Culpa de la mujer que no dejó espacio para las biciletas. Hoy cambié  la estrategia y subí a la vereda en Vía Dante, con tanta mala suerte que me sale un anciano en Vía Cavalleto y para esquivarlo casi me estrello. Me insultó por ir por la vereda, "Casi mi amazzi!"  gritaba yo le contesté que por donde quiería que circulara si  no hay vias para la bicicleta, y si voy por la calle "Amazzano a me!".
Hay cosas a las que todavía les tengo miedo, como a los ómnibus. Les tengo terror, siempre paso lejos, o me freno mucho antes para no quedar al lado. También tengo miedo de atropellar a alquien en las peatonales, cuando hay mucha gente caminando. Siempre me termino bajando y sigo a pie yo también.
Living in bicicleta.

martes, 30 de noviembre de 2010

Rebelión en Roma

Estaba en pijama como a las siete de la tarde, ocultando las publicaciones de los amigos de facebook que no me interesan. Mas de la mitad, o mucho más de la mitad de los amigos de facebook no se ni quienes son, y menos todavía me interesa que les salió en el test de que dice tu vestimenta sobre tu personalidad. Entonces me la paso dandole al esconde todas las publicaciones de tal y de cual. En eso estaba, cuando vino Isis y le dije porque no ibamos a las protestas de Roma. Nunca fui de ir a manifestaciones pero tampoco he ido a Roma.
Resumiendo como a las once de la noche salimos rumbo a Roma, en un bus de estudiantes de secundaria, una venezolana, dos brasileros de los cuales uno parece chino y el otro alemán, y yo.
Nunca supimos muy bien porque era la protesta, pero los chicos eran simpáticos. No tenían más de dieciocho años,  estaban bien informados de la historia gremial italiana y nos hicieron muchos cuentos interesantes.
Llegamos como a las siete de la mañana, sin dormir porque los adolescentes no tenían sueño, y de entrada nos perdimos en el metro. Nos reencontramos al rato, siguiendo las banderitas rojas de los manifestantes. 
La manifestación salía de Plaza de la República, bajaba hasta el Coliseo, pasaba por el Arco de Constantino y terminaba en Plaza San Giovanni. Vaya forma de conocer Roma, no?
Apenas pudimos salimos corriendo al Vaticano, nos sacamos una foto mirando la ventana del papa, tiramos una moneda en  la Fontana de Trevi, y nos sentamos a comer refuerzos en el Circo Maximo.
Isis lamentó no haber releido Angeles y Demonios antes de venir, para saber donde estaban los monumentos.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Turista resentida

Todavía no me recupero del fraude que fue el viaje al desierto con la caravana de camellos tirados por un bereber con vaquero Levi`s. El campamento, que sospecho los bereber montaron sobre una autopista, cubierta de arena solo para la ocasión, consistía en una cantidad de gente sacandose fotos unos  a otros abrazando un camello. Mientras, tomaban cerveza y buscaban donde tirar la lata para no contaminar la naturaleza.
Entonces decidí que no quiero ser más una turista.  Quiero pasar fin de año en los territorios ocupados de Palestina, o un campo de refugidos, o irme en las vacaciones de invierno como cooperante a Sudán.
Hay muchas posibilidades para hacer turismo sin ser turista, solo que es mucho más caro y aparentemente, bastante menos cómodo.

domingo, 24 de octubre de 2010

No tiene precio.

Un rumor intenso subía a medida que nos acercábamos al gentío, como si nos enfrentáramos a una estampida de animales. La multitud es una cosa compacta, con vida, que se mueve según unas reglas que uno no alcanza a entender pero funciona perfectamente. Parece que en cualquier momento una moto sin luz va a tropellar a un grupo de turistas, que caerán con sus cámaras de fotos, mochilas y gorros de paja sobre sobre los puestos atiborrados de frutos secos, desparramando dátiles, damascos y uvas por todas partes, armando un enorme caos de  monos, serpientes, caballos y burros asustados corriendo despavoridos entre la multitud enloquecida. Pero no.

Hacia un lado y otro circulan centenares de personas, caminando, en moto, en auto, en bicicleta tirando un carrito, calesas con caballos, madres con niños en sus coches, burros cargados, niñas riendo y coqueteando, vendedores gritando sus mercancías y turistas sacando fotos. La gente serpentean entre los vendedores de zumos de naranja, los puestos de frutas y verduras, los magos, los bailarines, los aguateros disfrazados, los encantadores de serpientes, los músicos y  los monos. Un imán atrae a la todo el mundo a la plaza, a tocar las telas, a preguntar precios, a gritar y regatear precios en medio del  humo que se eleva desde los puestos de comida y lo envuelve todo .

sábado, 16 de octubre de 2010

Nostalgia del laberinto

Hay lugares en los que uno se siente perdido. No conoces a nadie, no entiendes nada de lo que pasa a tu alrededor, no entiendes la lengua, y lo único que quieres es salir corriendo. Pero cuando te vas, sientes una increíble nostalgia. Eso es Marrakech. Un caos incomprensible de gente, olores, colores, idiomas, tiendas, música y gritos de vendedores ofreciendo desde fotografiarse con un mono hasta hachís.

Llegamos un domingo al atardecer. Al salir de la estación de tren le pedimos al taxista que nos llevara al Hotel Astrid, en la calle Derb Ben Aissa Dabbachi. El taxi nos llevó por el Boulevard Mohammed V, la esplendorosa avenida principal de Marrakech, que rodeada de arboles, arcos y fuentas luminosas desemboca en el corazón de la Medina.
- Sqare - dijo el taxista exprimiendo al máximo su inglés - Sqare. Walk. Con un gesto circular de la mano nos indicó que allí era lo más lejos que nos podía llevar. Apuntó con el dedo hacia adelante y dijo: La place Jemaa el fna.

No creo que haya nadie preparado para llegar a Jemaa el fna un domingo al atardecer.