Noto progresos. Pongo y saco la cadena en segundos, cuando al principio podía estar tres minutos dandole vueltas al candado. Puedo girar en "U" sin tener que bajar de la bici, puedo frenar y quedarme apoyando un solo pie para mantener el equilibriol cuando espero que cambie una luz roja, o bajar una vereda cuando el cordón es bajo. Puedo hacer maniobras de riesgo medio-alto como adelantar vehículos por la derecha en los embotellamientos o circular por la vereda cuando el tránsito es muy pesado. Hay puntos clave, o algunas horas, como la esquina de Via Cavalleto en el Prato, donde siempre hay que tener más cuidado. Ayer intenté mi maniobra de mantenerme circulando por la derecha aunque se alargaba la fila de autos, y le choqué el espejo a un Seat Panda. Culpa de la mujer que no dejó espacio para las biciletas. Hoy cambié la estrategia y subí a la vereda en Vía Dante, con tanta mala suerte que me sale un anciano en Vía Cavalleto y para esquivarlo casi me estrello. Me insultó por ir por la vereda, "Casi mi amazzi!" gritaba yo le contesté que por donde quiería que circulara si no hay vias para la bicicleta, y si voy por la calle "Amazzano a me!".
Hay cosas a las que todavía les tengo miedo, como a los ómnibus. Les tengo terror, siempre paso lejos, o me freno mucho antes para no quedar al lado. También tengo miedo de atropellar a alquien en las peatonales, cuando hay mucha gente caminando. Siempre me termino bajando y sigo a pie yo también.
Living in bicicleta.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
martes, 30 de noviembre de 2010
Rebelión en Roma
Estaba en pijama como a las siete de la tarde, ocultando las publicaciones de los amigos de facebook que no me interesan. Mas de la mitad, o mucho más de la mitad de los amigos de facebook no se ni quienes son, y menos todavía me interesa que les salió en el test de que dice tu vestimenta sobre tu personalidad. Entonces me la paso dandole al esconde todas las publicaciones de tal y de cual. En eso estaba, cuando vino Isis y le dije porque no ibamos a las protestas de Roma. Nunca fui de ir a manifestaciones pero tampoco he ido a Roma.
Resumiendo como a las once de la noche salimos rumbo a Roma, en un bus de estudiantes de secundaria, una venezolana, dos brasileros de los cuales uno parece chino y el otro alemán, y yo.
Nunca supimos muy bien porque era la protesta, pero los chicos eran simpáticos. No tenían más de dieciocho años, estaban bien informados de la historia gremial italiana y nos hicieron muchos cuentos interesantes.
Llegamos como a las siete de la mañana, sin dormir porque los adolescentes no tenían sueño, y de entrada nos perdimos en el metro. Nos reencontramos al rato, siguiendo las banderitas rojas de los manifestantes.
La manifestación salía de Plaza de la República, bajaba hasta el Coliseo, pasaba por el Arco de Constantino y terminaba en Plaza San Giovanni. Vaya forma de conocer Roma, no?
Apenas pudimos salimos corriendo al Vaticano, nos sacamos una foto mirando la ventana del papa, tiramos una moneda en la Fontana de Trevi, y nos sentamos a comer refuerzos en el Circo Maximo.
Isis lamentó no haber releido Angeles y Demonios antes de venir, para saber donde estaban los monumentos.
Resumiendo como a las once de la noche salimos rumbo a Roma, en un bus de estudiantes de secundaria, una venezolana, dos brasileros de los cuales uno parece chino y el otro alemán, y yo.
Nunca supimos muy bien porque era la protesta, pero los chicos eran simpáticos. No tenían más de dieciocho años, estaban bien informados de la historia gremial italiana y nos hicieron muchos cuentos interesantes.
Llegamos como a las siete de la mañana, sin dormir porque los adolescentes no tenían sueño, y de entrada nos perdimos en el metro. Nos reencontramos al rato, siguiendo las banderitas rojas de los manifestantes.
La manifestación salía de Plaza de la República, bajaba hasta el Coliseo, pasaba por el Arco de Constantino y terminaba en Plaza San Giovanni. Vaya forma de conocer Roma, no?
Apenas pudimos salimos corriendo al Vaticano, nos sacamos una foto mirando la ventana del papa, tiramos una moneda en la Fontana de Trevi, y nos sentamos a comer refuerzos en el Circo Maximo.
Isis lamentó no haber releido Angeles y Demonios antes de venir, para saber donde estaban los monumentos.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Turista resentida
Todavía no me recupero del fraude que fue el viaje al desierto con la caravana de camellos tirados por un bereber con vaquero Levi`s. El campamento, que sospecho los bereber montaron sobre una autopista, cubierta de arena solo para la ocasión, consistía en una cantidad de gente sacandose fotos unos a otros abrazando un camello. Mientras, tomaban cerveza y buscaban donde tirar la lata para no contaminar la naturaleza.
Entonces decidí que no quiero ser más una turista. Quiero pasar fin de año en los territorios ocupados de Palestina, o un campo de refugidos, o irme en las vacaciones de invierno como cooperante a Sudán.
Hay muchas posibilidades para hacer turismo sin ser turista, solo que es mucho más caro y aparentemente, bastante menos cómodo.
domingo, 24 de octubre de 2010
No tiene precio.
Un rumor intenso subía a medida que nos acercábamos al gentío, como si nos enfrentáramos a una estampida de animales. La multitud es una cosa compacta, con vida, que se mueve según unas reglas que uno no alcanza a entender pero funciona perfectamente. Parece que en cualquier momento una moto sin luz va a tropellar a un grupo de turistas, que caerán con sus cámaras de fotos, mochilas y gorros de paja sobre sobre los puestos atiborrados de frutos secos, desparramando dátiles, damascos y uvas por todas partes, armando un enorme caos de monos, serpientes, caballos y burros asustados corriendo despavoridos entre la multitud enloquecida. Pero no.
Hacia un lado y otro circulan centenares de personas, caminando, en moto, en auto, en bicicleta tirando un carrito, calesas con caballos, madres con niños en sus coches, burros cargados, niñas riendo y coqueteando, vendedores gritando sus mercancías y turistas sacando fotos. La gente serpentean entre los vendedores de zumos de naranja, los puestos de frutas y verduras, los magos, los bailarines, los aguateros disfrazados, los encantadores de serpientes, los músicos y los monos. Un imán atrae a la todo el mundo a la plaza, a tocar las telas, a preguntar precios, a gritar y regatear precios en medio del humo que se eleva desde los puestos de comida y lo envuelve todo .
sábado, 16 de octubre de 2010
Nostalgia del laberinto
Hay lugares en los que uno se siente perdido. No conoces a nadie, no entiendes nada de lo que pasa a tu alrededor, no entiendes la lengua, y lo único que quieres es salir corriendo. Pero cuando te vas, sientes una increíble nostalgia. Eso es Marrakech. Un caos incomprensible de gente, olores, colores, idiomas, tiendas, música y gritos de vendedores ofreciendo desde fotografiarse con un mono hasta hachís.
Llegamos un domingo al atardecer. Al salir de la estación de tren le pedimos al taxista que nos llevara al Hotel Astrid, en la calle Derb Ben Aissa Dabbachi. El taxi nos llevó por el Boulevard Mohammed V, la esplendorosa avenida principal de Marrakech, que rodeada de arboles, arcos y fuentas luminosas desemboca en el corazón de la Medina.
- Sqare - dijo el taxista exprimiendo al máximo su inglés - Sqare. Walk. Con un gesto circular de la mano nos indicó que allí era lo más lejos que nos podía llevar. Apuntó con el dedo hacia adelante y dijo: La place Jemaa el fna.
No creo que haya nadie preparado para llegar a Jemaa el fna un domingo al atardecer.
miércoles, 13 de octubre de 2010
Marruecos Experience
Llegué a Marruecos por Casablanca. Antes, me había tomado un tren a Milán, y después de esperar un día mirando vidrieras de Valentino, me tomé un vuelo desde Malpensa hasta el aeropuerto Mohammed V de Casablanca. Fue el primer Mohammed de una infinita listas de Avenidas, callejones, comercios, vendedores, cafés y plazas Mohammed que encontraría.
EL vuelo a Marruecos hacía presagiar lo que Marruecos sería: un vuelo low cost de Ryan Air que salió con retraso, y nos hizo perder el último tren que nos podía llevar desde el aeropuerto a la ciudad. El funcionarios de aduanas que me selló el pasaporte estaba de mal humor, y solo hablaba árabe o francés. Balbucée las palabras que recordaba en francés, intentando explicarle el motivo del viaje: Turismo. Tourist. Tourisme. Bastaron una mirada, un gesto despectivo al devolverme el pasaporte sellado, para entender que no era exactamente bienvenida.
EL vuelo a Marruecos hacía presagiar lo que Marruecos sería: un vuelo low cost de Ryan Air que salió con retraso, y nos hizo perder el último tren que nos podía llevar desde el aeropuerto a la ciudad. El funcionarios de aduanas que me selló el pasaporte estaba de mal humor, y solo hablaba árabe o francés. Balbucée las palabras que recordaba en francés, intentando explicarle el motivo del viaje: Turismo. Tourist. Tourisme. Bastaron una mirada, un gesto despectivo al devolverme el pasaporte sellado, para entender que no era exactamente bienvenida.
martes, 12 de octubre de 2010
María y la bicicleta.
Escribo desde Italia. Estoy sentada en mi escritorio, frente a la ventana que da al parque. Mi ventana da a un parquecito, con césped y una enredadera todo alrededor del muro. A veces bajo y comemos en el césped. Ahora no, porque ya empezó a bajar la temperatura y está muy frío aun al mediodía.
Y tengo una bicicleta.
Hubiera jurado que a los treinta y tres años andaría en un descapotable verde oliva pero no. Tengo una bicicleta color morado con un canasto adelante con la que atemorizo a los transeúntes.
Dos por tres la choco contra algo. Hoy la estampé contra la barrera del puente frente al parquecito de casa. Para evitar que la gente pase en moto, hay un zig-zag de barreras en los extremos del puente. La mayoría de la gente en bicicleta pasa, aunque a mi me parece bastante estrecho. Hoy intenté pasar yo también, pero enganché el pedal en la primera barrera y casi arranco la segunda. No me hice nada, por suerte. La bici quedó con un tintineo en la rueda de adelante.
También atropellé a dos personas. Una chica, cuando iba saliendo del comedor universitario y no vi que venía por la derecha, y un hombre en la esquina de Vía del Santo y Riviera Tito Livio. A ninguno de los dos le pasó nada más que un susto. El señor de la Riviera Tito Livio tenía unos ojos azules muy bonitos.
Y tengo una bicicleta.
Hubiera jurado que a los treinta y tres años andaría en un descapotable verde oliva pero no. Tengo una bicicleta color morado con un canasto adelante con la que atemorizo a los transeúntes.
Dos por tres la choco contra algo. Hoy la estampé contra la barrera del puente frente al parquecito de casa. Para evitar que la gente pase en moto, hay un zig-zag de barreras en los extremos del puente. La mayoría de la gente en bicicleta pasa, aunque a mi me parece bastante estrecho. Hoy intenté pasar yo también, pero enganché el pedal en la primera barrera y casi arranco la segunda. No me hice nada, por suerte. La bici quedó con un tintineo en la rueda de adelante.
También atropellé a dos personas. Una chica, cuando iba saliendo del comedor universitario y no vi que venía por la derecha, y un hombre en la esquina de Vía del Santo y Riviera Tito Livio. A ninguno de los dos le pasó nada más que un susto. El señor de la Riviera Tito Livio tenía unos ojos azules muy bonitos.
lunes, 27 de septiembre de 2010
Ladrones de Bicicletas
Esta mañana llovió. Este no sería un dato de gran importancia, si no fuera porque yo estrenaba mi bicicleta. La compré el sábado al mediodía, en el parque frente al Jardín Botánico. Allí van los estudiantes a comprar bicicletas baratas a los marroquíes, que las roban a otros estudiantes. Fui la última en la residencia en decidirme a ir a comprar a los ladrones, pero el caso es que el sábado fui al parque y volví con una linda bicicleta color bordeaux con un canasto adelante.
Al principio tuve miedo de salir con mi bici por la calle. Pensé que el dueño anterior podría cruzarse delante mientras espero en un semáforo, o verla atada en el comedor de la Universidad. Pero esta mañana amaneció lloviendo y mi preocupación por ladrones desapareció. En cambio, me preocupé de ajustarme la capucha del impermeable rojo y de protejer los libros que puse en el canasto.
Al principio tuve miedo de salir con mi bici por la calle. Pensé que el dueño anterior podría cruzarse delante mientras espero en un semáforo, o verla atada en el comedor de la Universidad. Pero esta mañana amaneció lloviendo y mi preocupación por ladrones desapareció. En cambio, me preocupé de ajustarme la capucha del impermeable rojo y de protejer los libros que puse en el canasto.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Santo Antonio
La Basílica di Sant´ Antonio queda de camino a mi casa. Suelo pasar las tardes allí, rezando o mirando el techo - tiene unos frescos muy bonitos - aunque mi actividad favorita es husmear en las cartas que los fieles dejan en la tumba del Santo. Algunas, sobre todo las que refieren a niños, son muy conmovedoras. Se me llenan los ojos de lágrimas leyendo esas cartas, escritas con letra infantil, adornadas con corazones, llenas de esperanza. En la mayoría de las fotos aparecen niños sonrientes, con sus padres abrazándolos. A veces pienso en escribir una carta y ponerla también allí, pero no tengo nada que pedir. No se me ocurre que poner. Entonces solo me quedo parada, leyendo los pedidos de otros.
Ayer una mujer entró en la Basílica a cuatro patas, y continuó asi todo el recorrido hasta la tumbra del Santo. Luego de dejar un pliego de peticiones particularmente extenso - tal vez era un agradecimiento, me limité a observarla de lejos - continuó del mismo modo por las escaleras hasta la salida.
Ayer una mujer entró en la Basílica a cuatro patas, y continuó asi todo el recorrido hasta la tumbra del Santo. Luego de dejar un pliego de peticiones particularmente extenso - tal vez era un agradecimiento, me limité a observarla de lejos - continuó del mismo modo por las escaleras hasta la salida.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Virgen Suicida
Anoche, intentando deprimirme, decidí quedarme en el piso frente a la notebook y no ir al desfile de moda en la plaza al que fueron todos.
Entonces me tocó el timbre uno de los chicos, que no podía ir porque había puesto toda la ropa a lavar y estaba en pijama. Siempre hay alguien peor que uno.
Traía una caja de vino barato, y aparentemente se había tomado la reserva de cerveza en lata que tenia para la semana.
Entonces nos sentamos con sendos vasos de vino berrera a conversar. Resulta que el chico habia tenido muy mala vida, y ya no quería vivir más.
Tentada estuve de decirle,
"Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto.
Muérete
Y ya."
Jaime Sabines
Pero en cambio intenté consolarlo. Entonces llegó la parte en dice que seria la mujer ideal para cualquier hombre, para tener hijos, y que se casaría conmigo .... si yo tuviera 9 años menos.
Por dios, desde la crisis de la adolescencia no me deprimía tan profundamente.Lo hubiera dejado suicidarse.
Entonces me tocó el timbre uno de los chicos, que no podía ir porque había puesto toda la ropa a lavar y estaba en pijama. Siempre hay alguien peor que uno.
Traía una caja de vino barato, y aparentemente se había tomado la reserva de cerveza en lata que tenia para la semana.
Entonces nos sentamos con sendos vasos de vino berrera a conversar. Resulta que el chico habia tenido muy mala vida, y ya no quería vivir más.
Tentada estuve de decirle,
"Cuando tengas ganas de morirte
no alborotes tanto.
Muérete
Y ya."
Jaime Sabines
Pero en cambio intenté consolarlo. Entonces llegó la parte en dice que seria la mujer ideal para cualquier hombre, para tener hijos, y que se casaría conmigo .... si yo tuviera 9 años menos.
Por dios, desde la crisis de la adolescencia no me deprimía tan profundamente.Lo hubiera dejado suicidarse.
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