La Basílica di Sant´ Antonio queda de camino a mi casa. Suelo pasar las tardes allí, rezando o mirando el techo - tiene unos frescos muy bonitos - aunque mi actividad favorita es husmear en las cartas que los fieles dejan en la tumba del Santo. Algunas, sobre todo las que refieren a niños, son muy conmovedoras. Se me llenan los ojos de lágrimas leyendo esas cartas, escritas con letra infantil, adornadas con corazones, llenas de esperanza. En la mayoría de las fotos aparecen niños sonrientes, con sus padres abrazándolos. A veces pienso en escribir una carta y ponerla también allí, pero no tengo nada que pedir. No se me ocurre que poner. Entonces solo me quedo parada, leyendo los pedidos de otros.
Ayer una mujer entró en la Basílica a cuatro patas, y continuó asi todo el recorrido hasta la tumbra del Santo. Luego de dejar un pliego de peticiones particularmente extenso - tal vez era un agradecimiento, me limité a observarla de lejos - continuó del mismo modo por las escaleras hasta la salida.
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